
La perdida del sentido etico de la vida
Ya hemos dicho con anterioridad que el hombre, a lo largo de la
historia, ha estado propenso a humanizarse o deshumanizarse;
que potencialmente lleva en sus entrañas el signo de la contradicción
y de la ambigüedad. Lo mismo puede realizar acciones
para su perfeccionamiento moral como para su empobrecimiento
como ser humano.
La indiferencia ante los valores de la vida humana, la no
valoración con un sentido ético de su existencia y la de los demás,
la anulación misma del valor con base en una actitud donde reina
la creencia “del todo vale”, misma que pasa por encima de los valores humanizantes (justicia, respeto, dignidad, igualdad, tolerancia,
solidaridad, entre otros), todo ello pone de manifiesto la existencia no
de la crisis de una moral en particular, sino de una crisis más global y
estructural que involucra algo más radical: la erosión de las bases espirituales
de la moral constitutiva y, por ende, de la condición humana actual.
¿Cómo explicar entonces el desprecio por la vida humana ejercido
por la vida humana misma? ¿Qué tenemos que decir del efecto devastador
que causan las acciones terroristas y las constantes invasiones e
intervenciones militares de las naciones más poderosas del orbe bajo el
argumento de la libertad y la justicia? ¿Por qué la tala indiscriminada de
árboles en una época marcada por el denominado “calentamiento global”?
¿Por qué el asesinato creciente de algunas de las especies marinas
en peligro de extinción? Éstas y muchas otras interrogantes, ponen de
manifiesto que lo que verdaderamente está en crisis, no es un principio,
una moral ni la vigencia de una teoría ética, sino “el sentido ético de la
vida”.
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